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Aniversario 204 del nacimiento de Marx

«La teoría se convierte en una fuerza material tan pronto como prende en las masas» (C. Marx y F. Engels, Obras Completas, t. I, pág. 406).

A 204 años del nacimiento del pensador más importante de la historia

Marx ha sido uno de los pensadores más tergiversados y calumniados a lo largo de la historia. Su pensamiento ha sido simplificado, instrumentalizado o vulgarizado por corrientes políticas de accionar revisionista y/o reformista, que lo han reducido a un recetario mecánico poco comprendido en su integralidad; mientras la academia lo ha rebajado a una ideología vaciada de sus elementos centrales acusándolo de determinista o esencialista, en un intento consciente de ocultar sus verdaderos aportes en la filosofía, economía, política e historia, dejando de lado sus contribuciones científicas al entendimiento y transformación de la realidad social.

Hoy, a 200 años de su nacimiento, su legado se mantiene más vivo que nunca. Si bien el aporte fundamental que nos deja tiene que ver con la teoría, siempre fue un hombre dedicado por completo a la actividad revolucionaria. Fue parte de la Liga de los Comunistas, principal dirigente de la Primera Internacional, organizador y agitador obrero, fue expulsado de varios países de Europa por su actividad y por sus escritos. Abandonó el status social que poseía y dedicó cada momento de su vida a la causa del proletariado hasta morir en la pobreza, pero dejando una aportación incalculable a la sociedad.

En cuanto a sus contribuciones teóricas, Carlos Marx provocó una revolución en la filosofía, fundando a partir del materialismo dialéctico una nueva concepción del mundo, que supera por largo las versiones antiguas y actuales de las diferentes corrientes filosóficas. Afirmándose desde el materialismo sostuvo que la realidad existe independientemente de nuestra conciencia, que es la realidad objetiva la que engendra las diferentes formas de pensamiento, que el mundo es cognoscible y nos podemos acercar a éste mediante un proceso complejo donde la práctica y la teoría se conectan dialécticamente.

Las premisas de que partimos no son arbitrarias, no son dogmas, sino premisas reales, de las que sólo es posible abstraerse en la imaginación. Son los individuos reales, su acción y sus condiciones materiales de vida, tanto aquellas con que se han encontrado ya hechas, como las engendradas por su propia acción. Estas premisas pueden comprobarse, consiguientemente, por la vía puramente empírica. (Marx, 1958)

Marx rebasó cualitativamente el materialismo mecánico que consideraba únicamente los cambios físicos. Superó el materialismo de Feuerbach que tenía una base esencialista y que concebía únicamente la realidad como objeto de contemplación y no como actividad sensorial, es decir como práctica humana. Marcó que es en la práctica donde el hombre demuestra la terrenalidad de su pensamiento, que las diferentes elucubraciones que se dan en la teoría sólo pueden comprobar su veracidad en la práctica, determinando a ésta como la raíz y origen de los pensamientos, pues el ser social es el que determina la consciencia social. Como Lenin manifestaría unos años después siguiendo a Marx:

El punto de vista de la vida, de la práctica debe ser el punto de vista primero y fundamental de la teoría del conocimiento. Y conduce infaliblemente al materialismo, apartando desde el comienzo mismo las elucubraciones interminables de la escolástica profesoral. Naturalmente, no hay que olvidar aquí que el criterio de la práctica no puede nunca, en el fondo, confirmar o refutar completamente una representación humana cualquiera que sea. Este criterio también es lo bastante «impreciso» para no permitir a los conocimientos del hombre convertirse en algo «absoluto»; pero, al mismo tiempo, es lo bastante preciso para sostener una lucha implacable contra todas las variedades del idealismo y del agnosticismo. Si lo que confirma nuestra práctica es la verdad única, última, objetiva, de ello se desprende el reconocimiento del camino de la ciencia, que se mantiene en el punto de vista materialista, como el único camino conducente a esta verdad. (Lenin, 1979 pag 175)

Fue más allá de la crítica a la religión pues la forma de explicar el desgarramiento entre un mundo material y uno religioso no se encuentra en disolverlo a su base terrenal sino en encontrar en esa base terrenal las causas que originan que el ser humano busque explicaciones idealistas, criticando y revolucionando dicha concepción para que pueda ser superada. Por ello el materialismo marxista es mucho más integral que el ateísmo pues éste simplemente niega y no supera dicha contradicción. La religión es un producto social que debe ser analizado en cuanto las diferentes formas de ésta recreadas a lo largo de la historia.

Marx logra superar las diversas escuelas del materialismo a través de la dialéctica, método desarrollado de manera idealista por Hegel y antiguamente por otros pensadores. La dialéctica es la forma de desarrollo y movimiento de la materia, basado en las contradicciones internas de las cosas y los fenómenos, lo que permite explicar éstos a través de sus particularidades, de los elementos que interactúan entre sí, más allá de las afectaciones externas que puedan sufrir.

Marx afirmó que de lo que se trata la filosofía no es sólo de interpretar la realidad sino de transformarla. Este aspecto marca la fundación de una filosofía de la praxis donde la filosofía deviene histórica logrando una elaboración del pensamiento superior al sentido común y científicamente coherente. Para Gramsci esta filosofía no buscaba mantener a los “simples” en una filosofía primitiva, sino dar una concepción superior de la vida, el paso de una elaboración mecanicista a una activa. Esta filosofía cumplió como objetivos combatir las ideologías modernas en sus formas más refinadas, es decir atacando las variantes filosóficas más avanzadas; y educar a las masas populares en el entendimiento de la sociedad, proponiendo un papel activo en éstas tanto en la construcción del conocimiento como en revolucionar la sociedad. “Que una gran masa de hombres sea llevada a pensar coherentemente es un hecho filosófico más importante que el hallazgo, que suele ser patrimonio de pequeños grupos de intelectuales”. (Gramsci 1971)

Esta filosofía se basta a sí misma, contiene en sí todos los elementos fundamentales para construir una total e integral concepción del mundo, una total filosofía de las ciencias naturales; y no sólo ello, sino también los elementos para vivificar una integral organización práctica de la sociedad, esto es, para llegar a ser una civilización íntegra y total… Una teoría es realmente «revolucionaria» en la medida en que es un elemento de separación y de distinción consciente entre dos campos, en cuanto es un vértice inaccesible al campo adversario. (Gramsci, 1971)

En la actualidad las posiciones idealistas y metafísicas buscan nuevamente reposicionarse negando el marxismo y el materialismo dialéctico, proponiendo teorías relativistas y posmodernas que niegan la realidad objetiva y su posibilidad de conocimiento y transformación. Esto ocurre no sólo desde la burguesía y las clases explotadoras, sino también en la misma “izquierda” revisionista que se dice marxista pero nos habla de la “verdad de clase”, de que al marxismo hay que “repensarlo”, o que simplemente es una “teoría occidental”. Pretenden hacer la apología del capitalismo saliendo a flote sus posturas reformistas de base idealista.

En estos momentos están en boga teorías que hablan de la verdad como algo relativo, que depende desde dónde o quién la sostiene, que depende del punto de vista y la experiencia personal. Nos dicen que cada uno tiene su verdad y que debemos respetar ello. Eso es negar la realidad objetiva. Es una posición idealista que mantiene que la verdad depende de la conciencia, el pensamiento o la misma experiencia de cada sujeto. Y no de una realidad que existe independientemente de nuestra conciencia y que es cognoscible mediante la profundización del conocimiento y nuestra actividad práctica y la teoría.

Algunos revisionistas hablan de la “verdad de clase”, y dicen que ellos toman como suya la “verdad de clase proletaria”. Aceptando implícitamente con ello que la burguesía también tiene su “verdad” y negando de ésta manera el carácter científico del marxismo y la existencia de la realidad objetiva. Ello sienta las bases de su práctica colaboracionista No existe una verdad de clase, lo que existe son intereses y posiciones de clase distintas. Los proletarios defienden al igual que los burgueses sus intereses de clase, la diferencia radica en que los capitalistas mantienen su dominio mediante la farsa y el engaño. Los comunistas les llevamos una ventaja: buscamos que el conocimiento de la realidad se expanda a los sectores populares para salir de esa ideologización. Las posturas relativistas llevan en sí a la conciliación de clases, al colaboracionismo, a la coexistencia pacífica y al “respeto” de cada clase y su “punto de vista”.

En la estrategia y táctica revolucionaria una postura relativista se manifiesta cuando pretendemos transformar la realidad de acuerdo a nuestros gustos o puntos de vista y no de acuerdo al estudio y a una comprensión sistemática de ésta, derivando ello en errores políticos y prácticos. La realidad no es como uno quiere sino como efectivamente es.

Los hombres hacen su propia historia, pero no la hacen a su libre arbitrio, bajo circunstancias elegidas por ellos mismos, sino bajo aquellas circunstancias con que se encuentran directamente, que existen y les han sido legadas por el pasado. La tradición de todas las generaciones muertas oprime como una pesadilla el cerebro de los vivos. (Marx, 1997)

Lejos de lo que se pretende mostrar, la filosofía marxista es una filosofía liberada de todo elemento ideológico o fanático. Es una filosofía que funda un entendimiento cualitativamente superior y que permite tender un puente entre filosofía y ciencia. A los marxistas se acusa de buscar adoctrinar a las masas populares; académicos, anarquistas y demás expresiones pequeño burguesas dirigen sus ataques a los comunistas a partir de tales elementos, como una elemental auto-justificación de su inoperatividad y falta de compromiso y posición política. El marxismo en el seno de las masas populares no hace pura y simple ideología, sino que busca elevar el nivel de conocimiento de estos sectores a un entendimiento más integral de su situación. En Marx es el paso de la conciencia en sí a la conciencia para sí, en Lenin de lo espontáneo a lo consciente, en Mao el paso del conocimiento sensorial al racional. Por lo tanto los marxistas si bien entran en una lucha ideológica contra las clases dominantes, buscan develar lo oculto en la sociedad a través de la ciencia, mientras la burguesía pretende una pura y simple ideologización como falseamiento que es reproducida a través de sus diferentes aparatos como la religión, educación, familia, y Estado, etc.

Sin abordar conscientemente la filosofía marxista y romper las cadenas mentales de la filosofía de los explotadores, será imposible para el proletariado y para las amplias masas despedazar por completo los grilletes del capitalismo y emancipar a la humanidad. (Avakian, 2008)

Sólo una concepción materialista permite de manera profunda captar la realidad objetiva. Sólo el marxismo logra este cometido pues gracias a su método y a su concepción permite un entendimiento integral de todo lo que opera a nuestro alrededor. La burguesía no logra hacer esto por dos elementos: 1) desarrolla la ciencia y los campos del conocimiento de una manera parcial acorde especialmente a sus necesidades productivas, muchos descubrimientos quedan bloqueados porque no son funcionales al sistema como tal. Así pues el conocimiento en el capitalismo no pasa de ser una simple mercancía, que opera bajo las leyes que orientan su producción, distribución, intercambio y consumo. 2) En el campo de las ciencias sociales la burguesía hace pura y simple ideología, destinada a salvaguardar su orden cultural, intelectual y moral. Para los sectores populares la ciencia está negada, tiene un carácter elitista, y la burguesía no es más la clase portadora del progreso pues no puede provocar ese entendimiento integral pues ello contravendría sus intereses de clase. Por ello ocurre que en ciertas ocasiones los científicos del capitalismo terminan agradeciendo a dios por sus descubrimientos, demostrando verdades parciales sin lograr una concepción más elevada y total.

En la historia del movimiento marxista la supresión de esta distinción –entre filosofía y ciencia- expresa una desviación derechista o izquierdista. La desviación derechista suprime la filosofía: no queda sino la ciencia (positivismo). La desviación izquierdista suprime la ciencia: no queda sino la filosofía (subjetivismo). (Althusser, 1968)

Por ello el marxismo no disocia filosofía y ciencia, sino que mediante el materialismo dialéctico logra enlazarlas.

Uno de los aportes fundamentales de Marx tiene que ver con la politización de la filosofía y la epistemología, comprendiendo que en la producción de las ideas y el conocimiento existen intereses clasistas que operan detrás. La burguesía recrea su propia filosofía que se enlaza con la ideología y no con la ciencia. Marx logra identificar la clase portadora del progreso y el desarrollo de la sociedad: el proletariado, que al luchar contra la base de toda explotación, la propiedad privada de los medios de producción, puede llevar a ésta a un estadio más avanzado. Ello se complementa cuando logra fundirse la teoría revolucionaria con la práctica revolucionaria, la ciencia con el movimiento obrero, plantándose la tarea histórica de la revolución.

Para Marx el conocimiento está orientado a la transformación. No sirve de nada simplemente interpretar lo que ocurre. Por ello el comunismo es una fuerza material potente en cuanto prende en las masas. No es un ejercicio intelectual orientado a la satisfacción del ego de unos cuantos petulantes, sino acción viva y transformadora, es decir una filosofía de la praxis. Si bien sus hallazgos son fundamentales, la socialización de éstos y su aprehensión por parte de los explotados es donde se encuentra la clave, es una filosofía desarrollada para ello desde su base.

El desarrollo de la filosofía marxista permitió inaugurar un método para conocer la sociedad: el materialismo histórico. Para Althusser, Marx funda el continente historia, deviniendo ésta por primera vez de manera científica.

La «sociologia» y la historiografía anteriores a Marx proporcionaban, en el mejor de los casos, un cúmulo de datos crudos, recopilados fragmentariamente, y la descripción de aspectos aislados del proceso histórico. El marxismo señaló el camino para un estudio global y multilateral del proceso de aparición, desarrollo y decadencia de las formaciones económico-sociales, examinando el conjunto de todas las tendencias contradictorias y reduciéndolas a las condiciones, perfectamente determinables, de vida y de producción de las distintas clases de la sociedad, eliminando el subjetivismo y la arbitrariedad en la elección de las diversas ideas «dominantes» o en la interpretación de ellas, y poniendo al descubierto las raíces de todas las ideas sin excepción y de las diversas tendencias que se manifiestan en el estado de las fuerzas productivas materiales. Los hombres hacen su propia historia, ¿pero qué determina los móviles de estos hombres, y precisamente de las masas humanas?; ¿qué es lo que provoca los choques de ideas y las aspiraciones contradictorias?; ¿qué representa el conjunto de todos estos choques que se producen en la masa entera de las sociedades humanas?; ¿cuáles son las condiciones objetivas de producción de la vida material que crean la base de toda la actividad histórica de los hombres?; ¿cuál es la ley que rige el desenvolvimiento de estas condiciones? Marx concentró su atención en todo esto y trazó el camino para estudiar científicamente la historia como un proceso único, regido por leyes, en toda su inmensa diversidad y con su carácter contradictorio. (Lenin, 2000)

Marx partió del análisis concreto del sistema capitalista, identificó su médula y sus características fundamentales, generando obras que hablaban en particular de éste y que permitieron entenderlo profundamente. Fundó la economía política como una ciencia, superando las visiones de los economistas clásicos que no encontraban forma de explicar de manera coherente la producción de plusvalía y de otros elementos operantes en el proceso de trabajo y cómo estos se relacionan con los otros factores de la sociedad. El estudio de las relaciones de producción dota a la economía política de su objeto. El Capital en este sentido es su obra cumbre donde está desmenuzado cada elemento de la sociedad capitalista desde categorías tan simples como la mercancía hasta comprender todo el proceso de producción, distribución, intercambio y consumo.

Su obra: El Método de la Economía Política, proporciona la clave para comprender el desarrollo de la sociedad, partiendo que los hombres producen en sociedad, y que el ser humano es producto de la historia. Este método se desarrolla desde categorías que van de lo inferior a lo superior, logrando captar “la síntesis de múltiples determinaciones, la unidad en lo diverso”. El método de la economía política va de lo concreto a lo abstracto, es decir del análisis de la sociedad a lo real representado, volviendo nuevamente a lo concreto y de allí al desarrollo de categorías. Para Marx los conceptos de producción en general, o de distribución, intercambio y consumo, son abstracciones válidas, categorías que ahorran la repetición, articuladas en distintas determinaciones que son comunes a toda época y en otros casos sólo a algunas. Lo importante es que esas categorías deben analizar sistemas histórico sociales concretos, o sino no tendrían utilidad. Es enlazar los principios universales con elementos particulares, por ejemplo todas las sociedades producen sus medios de subsistencia, lo importantes es captar lo que diferencia unas de otras y en ello es fundamental entender cómo se produce. Sin ese análisis concreto no existe entendimiento de lo real.

Así Marx logró desarrollar el materialismo histórico y dotarle al socialismo de un carácter científico, que trascendió las inspiraciones voluntaristas y utópicas para a través de un armazón de categorías y leyes explicar cómo funciona toda sociedad. El análisis del sistema capitalista como tal lo llevó no sólo a una simple generalización de hechos particulares, sino a establecer una serie de conceptos que permitían y permiten entender no sólo el capitalismo sino todo modo de producción gestado a través de la historia. Por ello son tan útiles categorías como modo de producción, formación social, base, súper estructura, fuerza de trabajo, ideología, estado, etc., pues en estas se concentra los elementos básicos para comprender cualquier tipo de sociedad. Categorías extraídas de la realidad pero con una aplicación concreta en cada momento histórico. Por ello cuando sus detractores balbucean que este es otro tiempo, que él analizó una etapa del capitalismo, nosotros manifestamos que la principal contradicción del capitalismo se mantiene vigente -capital-trabajo-, pero aún más, que su método es el principal legado pues éste permite comprender el pasado y el presente gracias a los elementos que desarrolló.

Para Marx el objetivo del conocimiento es la transformación. La integralidad de su pensamiento tiene que ver no sólo con fundar una ciencia que permita el entendimiento sino la revolución. Y en ese sentido no es contemplativo ni únicamente interpretativo sino transformador. Esto lo logra al identificar en la sociedad la clase que puede hacerla avanzar a un estadio diferente y cómo esta ejecuta una estrategia y tácticas definidas de acuerdo a ese entendimiento. Desde el Manifiesto Comunista, Marx señala principios básicos para estos cambios como son la organización del proletariado en partido político independiente y distinto a los de las clases dominantes; el desarrollo de la consciencia de las masas explotadas; la necesidad de la dictadura revolucionaria del proletariado; y la violencia como partera de la historia. Sin comprender la realidad no existe posibilidad de transformación, pero sin elementos de la revolución desarrollados por los oprimidos tampoco. Por eso destinó su vida a este esfuerzo, que ha sido desarrollado por otros grandes marxistas como Engels, Lenin, Mao Tse Tsung, Mariátegui, Gramsci, Stalin, y en concreto por experiencias revolucionarias como la de la URSS y China, que han hecho avanzar el pensamiento y la práctica revolucionaria.

Para comprender a Marx hay que estudiar su vida y sus obras y no caer en simplificaciones mecanicistas y vulgarizantes que agotan, tergiversan o limitan su legado. Sus aportes continúan más vivos que nunca pues su pensamiento no ha podido ser superado. Por ello la tarea más trascendental de los revolucionarios en la actualidad consiste en afirmar el comunismo como ciencia, filosofía, ideología, movimiento político y sociedad.

Como filosofía porque implica la concepción y comprensión del mundo más avanzada, pero que además la dota de un aspecto práctico en la cual lo importante no es sólo el hallazgo filosófico sino la aprehensión de éste por las masas para que puedan realizar praxis revolucionaria.

Es una ciencia porque a través del materialismo dialéctico e histórico permite captar la realidad, este método generó una serie de principios y categorías que son aplicables a toda sociedad para entenderla. Pero como toda ciencia continúa desarrollándose.

Es una ciencia que se desarrolla, precisamente como ciencia, el marxismo sigue desarrollándose—sigue, por así decirlo, afinando el análisis y síntesis de la realidad, tanto “natural” como social. Sigue desechando ciertos aspectos que se ha demostrado que no son ciertos, o que ya no se aplican… , es posible que una teoría científica sea cierta —que refleje correctamente la realidad— en lo principal y esencial, pero que se demuestre que sea incorrecta en ciertos aspectos secundarios—y, conforme a esto, que algunas de sus predicciones específicas resulten no ser ciertas. Y cuando esto pasa, la aplicación del método científico lleva a un mayor desarrollo de la teoría—por medio de desechar, o modificar, ciertos aspectos de la teoría y agregar nuevos elementos (Avakian, 2007).

Es un movimiento político porque ese entendimiento busca la transformación, identifica el sujeto que puede provocarla y establece principios generales para lograrlo en cada país donde se deben tomar en cuenta sus aspectos concretos. “Comunismo es para nosotros no un estado de cosas que ha de ser establecido, un ideal al cual debe ajustarse la realidad. Llamamos comunismo al movimiento real que elimina el estado presente de cosas” (Marx, 1958).

Es ideología en el sentido de tomar partido, de ser profundamente objetivo pero tomar posición, y de entablar una lucha contra los intereses y las ideas de la clase dominante actualmente. Esta ideología acerca al ser humano al conocimiento y no al falseamiento. El proletariado es la clase portadora del progreso porque sus intereses coinciden con la necesidad de demostrar la verdad, por ello señalamos que toda verdad es revolucionaria, toda verdad nos ayuda a llegar al comunismo.

Tenemos la concepción del mundo y metodología que corresponde a una clase que ha surgido en el transcurso de la historia, ampliamente hablando, y que no puede emanciparse sin superar y transformar todo eso. Esa concepción del mundo corresponde a los intereses del proletariado, pero no en un sentido estrecho. (Avakian, 2004)

El comunismo es un modelo de sociedad porque propone formas de organización diferente que la harán trascender del reino de la necesidad al de la libertad plena, y que se halla alimentado y comprobado por las experiencias de las revoluciones rusa y china pero además por la práctica de los movimientos proletarios a lo largo del planeta. Lograr las 4 todas es su objetivo, es decir la supresión de todas las diferencias de clase, la supresión de todas las relaciones de producción en que estas descansan; la supresión de todas las relaciones sociales que corresponden a esas relaciones de producción; y la subversión de todas las ideas que brotan de estas relaciones sociales.

…cuando haya desaparecido la subordinación esclavizadora de los individuos a la división del trabajo, y con ella, por tanto, el contraste entre el trabajo intelectual y el trabajo manual, cuando el trabajo no sea solamente un medio de vida, sino la primera necesidad de la vida; cuando, con el desarrollo múltiple de los individuos, crezcan también las fuerzas productivas y fluyan con todo su caudal los manantiales de la riqueza colectiva; sólo entonces podrá rebasarse totalmente el estrecho horizonte del derecho burgués y la sociedad podrá escribir en sus banderas ‘de cada uno, según su capacidad; a cada uno, según sus necesidades. (Marx, 2001)

La integralidad del pensamiento de Marx se constituye en la interpenetración e interacción consciente entre filosofía, historia, economía y política, lo que permite que el comunismo se convierta en filosofía, ciencia, ideología, movimiento político y sociedad. Sólo estudiando los diferentes ámbitos podremos captar la riqueza y vitalidad de su pensamiento, que supera los enfoques particularistas, limitados y parciales que se producen desde la intelectualidad burguesa y los partidos políticos de izquierda o derecha.

Bibliografía:

  • Althusser, Louis (1968). La filosofía como arma de revolución. Editores siglo veintiuno.
  • Avakian, Bob (2004). Conversación con unos camaradas sobre epistemología. http://revcom.us/a/1262/avakian-epistemologia-s.htm
  • Avakian, Bob (2007). Marxismo como ciencia, refutando a Karl Popper. http://revcom.us/a/110/makingrevolution06-es.html
  • Avakian, Bob (2008). El comunismo el comienzo de una nueva etapa. http://revcom.us/Manifesto/Manifesto-es.html
  • Gramsci, Antonio (1971). El materialismo histórico y la filosofía de Benedetto Croce. Ediciones Nueva Visión, Buenos Aires.
  • Engels, Friederich (1878): Anti-Duhring. – Marxists Internet Archive. https://www.marxists.org/espanol/m-e/1870s/anti-duhring/
  • Lenin (1979). Materialismo y empiriocriticismo. Moscú: Editorial Progreso.
  • Lenin (2000). Carlos Marx. https://www.marxists.org/espanol/lenin/obras/1910s/carlos_marx/carlosmarx.htm
  • Marx, Karl (1958).La Ideología Alemana, Montevideo 1958: Ediciones Pueblos Unidos, S.A.
  • Marx, Karl (1979).Tesis sobre Feuerbach, México: Editorial Grijalbo
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  • Marx, Karl (1997). El 18 Brumario de Luis Bonaparte. https://www.marxists.org/espanol/m-e/1850s/brumaire/brum1.htm
  • Marx, Karl (2001). Crítica al Programa de Gotha. https://www.marxists.org/espanol/m-e/1870s/gotha/gothai.htm
  • Marx, Karl (1989). El Método de la Economía Política. Editorial Progreso.