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DECLARATORIA PRIMERO DE MAYO

Este 1ero de Mayo, el Movimiento Vientos del Pueblo y el Bloque Proletario, afirmamos la necesidad impostergable de continuar expandiendo y desarrollando la nueva corriente revolucionaria en el país, y la confianza de que la línea roja se expandirá en el mundo para terminar sepultando el sistema capitalista imperialista. La reivindicación de los trabajadores del mundo entero no puede ser sólo mejorar la situación tan paupérrima en las que nos encontramos, sino más bien atacar el problema de raíz.

El sistema se encuentra en una descomposición profunda, una crisis de la que no tiene retorno alguno. La caída de la tasa de ganancia, el aparecimiento de un nuevo eje imperialista que pone en cuestión la hegemonía norteamericana, y las disputas inter-buguesas en las semicolonias, han provocado una fascistización cada vez más agresiva que restringe derechos históricos de las masas y prepara el camino para la represión violenta de las protestas y rebeliones que formarán parte de una nueva ola revolucionaria.

En Ecuador el gobierno de Lasso no es más que la representación actual de los intereses imperialistas y de la facción burguesa compradora y financiera. No puede, ni pudo tampoco haber algún tipo de esperanza en este gobierno; como tampoco puede existir ni un ápice de confianza en que venga otro gobierno burgués (correísta o reformista) supuestamente a solucionar el problema. La falsa oposición pretende convertir este 1ero de Mayo en un desfile electorero que sólo confunde y retrasa los niveles de conciencia y lucha del proletariado del país. El camino institucional y burocrático no sirve para nada, el parlamentarismo y las exigencias al Estado son inútiles, el proletariado debe recuperar su independencia de clase y orientarse hacia el verdadero objetivo: la revolución.

A continuación presentamos nuestra declaratoria con motivo del 1ero de Mayo:             

  1. La crisis del sistema capitalista imperialista se extiende. Desde el 2019 se han perdido más de 52 millones de puestos de trabajo a tiempo completo en el mundo. En la actualidad hay más de 207 millones de personas desempleadas globalmente. Esto ha traído dos consecuencias fundamentales: la una es que millones de personas no tengan trabajo y por ello no puedan garantizarse su subsistencia, ni la de sus familias; mientras por otro lado, un creciente desempleo es la base para que los procesos de explotación laboral se incrementen para el personal ocupado, pues el hecho que haya tanto desempleo permite que los burgueses amenacen con echar a la calle a los trabajadores si estos no aceptan condiciones cada vez más precarias.
  2. Sin embargo, a pesar de lo que pretenden demostrar loa agoreros de la burguesía, la crisis actual no es consecuencia de la pandemia, sino del cada vez más alto grado de descomposición del sistema capitalista imperialista, el cual, desde los años setenta, no ha logrado recuperar la tasa de ganancia que alcanzó después de la 2da Guerra Mundial. Esta tasa decreciente de ganancia se agudizó con la crisis del 2008 y la pandemia sólo agravó aún más la situación.
  3. A este contexto se suma la emergencia de China como potencia mundial, constituyendo junto con Rusia un nuevo bando imperialista. Al decrecer la tasa de ganancia, y aparecer dos nuevos competidores para las potencias tradicionales, la disputa inter-imperialista, tanto por la posesión de los mercados y la maximización de las ganancias, como por el control de las esferas de influencia, se va intensificando cada vez más. Si bien aún se mantiene por un cauce diplomático-comercial, es indudable una nueva conflagración mundial. No podemos olvidar que el sistema capitalista imperialista atraviesa crisis cada vez más permanentes, motivadas no sólo por la sobreproducción o el aumento de su variable especulativa y rentista, sino además por la competencia entre los grandes monopolios de las potencias. El desarrollo en los últimos años del eje chino-ruso, ha puesto en cuestión la hegemonía norteamericana, reduciendo sus márgenes de ganancia y provocando una pugna cada vez más intensa, lo que provoca además disputas interburguesas en sus semicolonias.
  4. Cabe señalar que la pandemia ha sido utilizada por la burguesía como la mejor excusa para despojar a los trabajadores y al pueblo en general de una serie de derechos que fueron obtenidos históricamente a través de la lucha. Antes de la pandemia ya existió esta intención pero una serie de protestas, en varios países del mundo, no permitieron que ello se cristalice. Ahora están apelando a imponer reformas gradualmente, ya no sólo bajo la forma de paquetazo, para que éstas tengan la menor resistencia posible. Eso ha ocurrido en el país con la subida gradual del precio de la gasolina, el incremento gradual de los pasajes en varias unidades hasta generalizarlo casi completamente, la reducción paulatina de presupuesto para salud y educación, desmantelamiento de la seguridad social, privatización de varias empresas públicas, prohibición incluso del derecho al trabajo al comerciante informal, expansión de la megaminería imperialista, y por último importación de productos que sólo quebrarán aún más a pequeños y medianos campesinos.
  5. En el país se han realizado reformas jurídicas que flexibilizan y precarizan las relaciones laborales: baja de salarios, polifuncionalidad, extensión de los contratos a prueba, potestad de los empresarios para definir la distribución de horas en la jornada laboral, reducción de utilidades, reducción de pagos por desahucio y despido intempestivo, inclusión de nuevas causales de despido, limitación de la libertad de organización, etc.
  6. En esta cruzada cuentan con el apoyo de los medios de comunicación y demás aparatejos burgueses que sólo pretenden generar confusión.
  7. Estos hechos no son ocasionales, ni temporales, más bien corresponden a un proceso intensivo de fascistización global como política general del imperialismo lo que implica básicamente tres elementos:
    • Caducidad de la versión liberal y “democrática” del capitalismo: los valores que promocionó la revolución burguesa se han diluido. Ello era previsible, pues el paso del capitalismo de libre competencia a imperialismo sienta la base para el dominio directo de un puñado de países y monopolistas industriales y financieros que se reparten el mundo. No se puede encargar al imperialismo un espíritu ni siquiera democrático-burgués. Las libertades que han promocionado históricamente no existen en la práctica, y la vida de las masas, lejos de mejorar, va empeorando constantemente. Es decir la dictadura burguesa es cada vez más reaccionaria y restrictiva, contrario a lo que manifiestan los agoreros del capitalismo sobre que la democracia se va perfeccionando, mejorando o ensanchándose.
    • Los procesos de persecución y control poblacional se acentúan. Se conculcan las reivindicaciones económicas de las masas, pero también se atenta contra su libertad de expresión, reunión, y organización. Los códigos penales se endurecen, y se persigue sistemáticamente a quienes piensan diferente o se oponen al sistema. Aparecen bandas fascistas al interior de los ejércitos burgueses, y se consolidan los grupos paramilitares y la mafia que está entroncada con los viejos estados a nivel mundial. Esto se combina con un mayor equipamiento de las fuerzas represivas, quienes se alistan para reprimir violentamente las inminentes protestas y rebeliones populares.
    • El pensamiento conservador y reaccionario se extiende: podemos ver el rebrote de olas de xenofobia y racismo, ataques a la población GLBTI, auge de las iglesias especialmente evangélicas, expansión de los grupos pro-familia con su concepción machista y patriarcal.
  8. Ante estos hechos, en varias partes del mundo, los sectores autodenominados “progresistas o de izquierda” pretenden mostrarse como los representantes de las aspiraciones populares. Esto no es más que una falsa polarización, un antagonismo de fantasía, entre sectores que defienden lo mismo de fondo. En nuestro país el correísmo pretende pescar a río revuelto del descontento existente, cuando ellos son corresponsables directos de lo que está ocurriendo. Ahora se encuentran promocionando una supuesta “Gran Marcha”, que no es más que un alarido oportunista vinculado directamente a las próximas elecciones, en las que la burguesía burocrática pretende salir fortalecida. Recordemos que el gobierno correísta fue la punta de lanza del imperialismo chino en el país, provocando un endeudamiento intenso y la entrega de una serie de obras de infraestructura, recursos naturales y dieron vía libre para su expansión comercial; abrieron paso también a la megaminería imperialista; se conculcaron derechos de los trabajadores; se reprimió al pueblo (incluso causando la muerte posterior de un estudiante y cientos de enjuiciados por “terrorismo”); y se festinaron miles de millones de dólares. La consigna es clara: Correa, Moreno y Lasso la misma mierda son, lacayos del imperio y la reacción.
  9. Los partidos de la izquierda reformista y revisionista tradicional (MPD-Pachakutic), junto a las centrales sindicales que ellos comandan y que se encuentran agrupadas en el FUT, continúan traficando con los intereses populares para que sus dirigentes sigan viviendo cómodamente de la politiquería burguesa. Recordemos que durante la pandemia han guardado un silencio cómplice ante las medidas contra los trabajadores y el pueblo, han estado en una serie de mesas de diálogo y se han encargado de desmovilizar sistemáticamente a las masas populares. No basta sino recordar los dos anteriores primeros de mayo cuando en el 2020 llamaron a “protestar desde las casas” y en el 2021 convocaron a una ridícula “caravana motorizada”. Es importante también prestar atención a los pactos que se dan en la Asamblea y otras instancias que sólo demuestran la podredumbre de estos sectores.
  10. El oportunismo ha retrasado la lucha del movimiento obrero, afianzando en las organizaciones sindicales la idea de que solamente deben luchar por reformas, reproduciendo una ideología economicista que despolitiza a los trabajadores. A lo máximo que apelan es a una “política de exigencias”, cuento trillado e inútil que sólo pretende justificar su colaboracionismo y su veneración por la dictadura capitalista. Esto provoca que los sectores que dirigen se ahoguen en las coyunturas, que permanezcan impávidos ante la situación de otras clases explotadas, que no incorporen en sus consignas los diferentes males sociales que provoca el capitalismo imperialista. En el plano organizativo el frentismo ha sido la modalidad preferida por el reformismo para encumbrar alianzas temporales entre grupos con diversos intereses, que posteriormente se diluyen principalmente en el fango electoral. Enaltecen el espontaneísmo, el economicismo y cabalgan en la lucha honesta del pueblo para diluirla posteriormente en variantes inofensivas para la estructura de poder.
  11. El reformismo se encarga de retrasar los niveles de conciencia y lucha del proletariado y las masas populares. Su podredumbre se muestra más abiertamente pues ha perdido margen de acción ya que las “reivindicaciones que pelea” no logran cristalizarse, esto se da por una limitación concreta: el momento actual del sistema capitalista imperialista que no consiente ya la consecución de reivindicaciones importantes a las masas. El reformismo se queda sin piso, ya que las reformas y el camino institucional están bloqueados. Ante ello no resultaría accidental, ni sorpresivo, que estos aparatos oportunistas apelen en ocasiones a “formas de lucha combativas” o incluso que aparezcan grupos reformistas en armas, que no tienen como finalidad la destrucción del capitalismo imperialista, sino negociar con las élites burguesas usando a las masas populares como carne de cañón. Su papel es contrarrevolucionaria totalmente.
  12. Ante estos hechos, y ante el panorama nacional e internacional, el deber fundamental de los revolucionarios es el desarrollo y consolidación de la corriente roja, que pueda expandirse y fluir en el seno de las masas populares para dotarles tanto de un nivel de consciencia de clase más profundo, como de métodos de lucha y organización más efectivos.
  13. El 1ero de Mayo se muestra como una oportunidad para decantar campos con la izquierda bastarda, con la correísta y con el reformismo-revisionista, pues no existe posibilidad real de mejorar las condiciones de vida de las masas populares dentro del sistema capitalista imperialista, y la revolución debe posicionarse como la principal reivindicación de los trabajadores del mundo entero. Para ello es importante tomar en cuenta los siguientes aspectos:
    • Consolidación de la nueva corriente revolucionaria en el país, que se ubique como principal referente para las masas proletarias y populares.
    • Expansión y generación de organizaciones de nuevo tipo que empiecen a cumplir por vía propia con las reivindicaciones de las masas populares. Es decir, no centrar en el plano de las reformas y las reivindicaciones institucionales, sino más bien en las reivindicaciones no institucionales, en las que son obtenidas por la propia organización y que tienen que ver con la consolidación de un poder territorial-espacial que desconozca y combata al viejo Estado.
    • Establecer lazos de unidad real, bajo el programa proletario, de las masas obreras, campesinas pobres, semiproletarios, pequeña burguesía urbana, estudiantes y maestros de avanzada, y todos quienes pretendan no sólo buscar pequeñas reformas, sino desarrollar un verdadero proceso revolucionario en el país. Es decir, no frentismo coyunturalista disfrazado de unidad, sino unidad estratégica a largo plazo.
    • Es indispensable el desarrollo de una línea roja en el movimiento obrero que crezca en oposición a las centrales sindicales que son simples apéndices de los partidos reformistas y burgueses. Esto implica que la posición comunista venza al interior de los sindicatos de base y que se creen organizaciones de nuevo tipo. Estas deben construirse borrando los privilegios, y los métodos artesanales y burocráticos, propiciando un nuevo estilo de trabajo que sea responsable con los intereses de todos los trabajadores y en el que éstos puedan participar activamente.
    • Estas organizaciones deberán generalizar su acción en las inmediaciones mismas de las fábricas, convirtiéndolas en espacios permanentes de propaganda, denuncia y agitación. Los obreros conscientes deben bregar porque sus compañeros de clase se eduquen tanto en temas laborales y sindicales, como en su conocimiento sobre el marxismo. Contar con un número importante de cuadros obreros comunistas es lo crucial, pues éstos se convertirán en los organizadores permanentes de la clase.
    • Esta nueva corriente roja, formada por cuadros obreros comunistas y organizaciones de nuevo tipo (sindicales y no sindicales), garantizará un trabajo sostenido y devolverá a los trabajadores la confianza en su organización colectiva. Al contar con el marxismo como ciencia y guía, los trabajadores podrán establecer mecanismos efectivos de lucha, que cuiden a los compañeros de la represión de la patronal y no pierdan su trabajo, obtengan reivindicaciones concretas y afirmen la necesidad de una verdadera transformación revolucionaria.
    • Varios de estos elementos ya existen o están en proceso de formación en el país. Sin embargo, su generalización depende de la creación del aparato fundamental de lucha de la clase obrera: el partido proletario. Ello es aún un camino que se está gestando y que terminará de consolidarse sin duda alguna, pero esa tarea es la más importante de todas y debe estar en la cabeza y en la acción de cada obrero consciente y las masas populares que adoptan su posición. Ello marcará un desarrollo cualitativo en la lucha de clases del país.
    • Entender al proletariado sólo como agente económico del modo de producción capitalista es economicismo, comprenderlo como sujeto político implica devolverle su carácter de transformación, su esencia como clase  que puede llevar a la sociedad a un plano más avanzado, pues su carácter de vanguardia no se expresa sólo en poner fin a la explotación, sino en provocar también una revolución en el plano del conocimiento.
    • En medio de la crisis del sistema capitalista imperialista los trabajadores del mundo entero reivindican la violencia como el principal mecanismo para sepultar lo viejo, la situación se recrudecerá, y las organizaciones comunistas tienen la tarea de que esas rebeliones adquieran cada vez más una dirección revolucionaria. La clase obrera tiene un horizonte mucho más amplio al que debe mirar. Su objetivo no puede ser reformar o mejorar una sociedad decadente, sino crear una nueva. Las grandes revoluciones proletarias en Rusia y China abrieron el camino hacia la emancipación definitiva, es verdad, hubo un retroceso con los procesos de restauración capitalista; sin embargo, el programa comunista sigue constituyendo la única alternativa real para las masas populares.

Lo que nos muestra este panorama es la necesidad impostergable de que el proletariado dirija sus esfuerzos no sólo a defender sus reivindicaciones inmediatas, sino a derribar el sistema capitalista que es la causa principal de estos hechos. En ese sentido la clase trabajadora debe recuperar su papel de vanguardia, propiciar la unión de los trabajadores, defender su independencia de clase y organizarse políticamente (no electoralmente) para hacer una verdadera revolución. O sucumbimos nosotros y nuestras familias, o sucumben los explotadores, no hay término medio.

¡La rebelión se justifica!

¡Primero de Mayo, Primero la Lucha por la Revolución!

¡Por el desarrollo y consolidación de una nueva corriente revolucionaria en el país!

Movimiento Vientos del Pueblo

Bloque Proletario de Ecuador

#1MPrimeroLaLucha